Si te comparan, ya has perdido el control
La comparación no empieza con el precio. Empieza cuando no has dejado claro por qué elegirte.
El cliente no compara por gusto.
Compara cuando no percibe una diferencia clara.
Si todo parece igual, el precio decide.
El momento en que empiezas a perder
No es cuando pide descuento. Es antes. Cuando abre otra pestaña.
El error invisible
No has explicado mal tu precio. Has explicado mal tu valor.
El precio se discute cuando el valor no se entiende.
La diferencia que evita el regateo
Cuando el cliente sabe por qué eres tú, no necesita comparar.
Si hoy te comparan, no luches con el precio. Corrige la percepción.
Si te comparan, algo no está claro.
Deja de justificar tu precio.
Empieza por ordenar cómo te perciben. Si el cliente entiende el valor, el descuento deja de existir.
Quiero dejar huella →
